¿Qué tal con tu compañero, Daniel Domenjó?
Conectamos casi sin conocernos. Dice que se lo pongo fácil; él a mí, también.

¿Qué tal llevas las sesiones de maquillaje, peluquería…?
Como reportera, no hay tiempo: te haces la coleta en el coche, te pintas en un baño… Si te entretienes en eso, te pierdes lo mejor. En plató, sin embargo, es importante. Al principio me veía rara. No me favorece el exceso de maquillaje, me va más la sencillez.

Hablas con mucho amor del trabajo de reportera…
Esa adrenalina de ir corriendo al aeropuerto, buscar al entrevistado, editar el material, llegar al enlace… Es un regalo. A mí la calle me da la vida.

¿Notas que eres conocida?
A lo mejor estoy cubriendo un suceso y viene uno por detrás y suelta: ‘¡Anda, si es la Paqui!’. Es sorprendente. Hay cosas banales que tienen una enorme repercusión, y eso da qué pensar.

Como la famosa destrucción del castillo de arena…
Eso ha sido una revolución. ¡La gente me sigue preguntando si me caí o me tiré!

¿Te molestaban las parodias de Sé lo que hicisteis…?
Me he reído un montón con ellos. A los ‘curritos’ nos pillan muy lejos los problemas entre las cadenas.

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