"Luchar con Matías Prats,a quien adoro y con quien tengo una relación muy estrecha, es muy divertido."
--Tras tres años al frente del Telediario, ¿qué sensación tiene? Ambivalente. Hemos avanzado mucho en el proyecto que me trajo aquí, que era alcanzar la neutralidad en los informativos de TVE, que estos recuperaran el control profesional y abandonaran el control político. Pero el Telediario es más convencional de lo que yo desearía. No siempre me voy con la sensación de haber ayudado a la audiencia a entender la realidad. Hay días en que me voy un poco frustrado.
--¿Cómo se lucha contra el control político? El poder tiene por costumbre llamar, porque quiere que se hable bien de él. Pero llama a TVE, igual que a Antena 3 y a Tele 5. El periodista debe defenderse de esa presión guiándose por criterios periodísticos, aprendiendo a decir: "Esta noticia la doy porque me parece periodísticamente interesante, pero esto otro que me propones no lo doy, aunque seas tú quien me llama, porque no lo es". Esto no tiene precedentes en TVE.
--¿Ha tenido que apelar al "aunque seas tú quien me llama"? Sobre todo los dos primeros años, porque hubo que acostumbrar a la gente a que las reglas habían cambiado. Y aún queda mucha tarea por hacer. Llevamos 30 años de interferencias políticas cotidianas en los informativos de TVE. Eso no se cambia en dos años. Pero nuestra apuesta ha sido seria.
--Se sigue acusando al Telediario de estar escorado a un lado. Claro, y estoy seguro de que cometemos muchos errores, pero ya no es por la imposición de un criterio ajeno al periodístico. Al contrario, creo que nuestro informativo comete errores por complejo. Yo sé que medio país aún cree que soy del PSOE o del Gobierno. Ese complejo me ha llevado a cometer errores que han beneficiado a la oposición.
--Si ese compromiso de independencia de TVE no se hubiese cumplido, ¿se habría ido? Posiblemente. Si el nivel de independencia que tenemos ahora se hubiera roto, o se rompiera en el futuro, habría que replanteárselo. Los medios públicos, o son neutrales, o deben desaparecer. Una televisión pública que cambia cuando cambia el Gobierno estafa al ciudadano.
--¿Dar las noticias sin corbata formaba parte del mensaje? Eso era un guiño para decirle a la audiencia: se puede presentar el Telediario sin ir vestido de boda. Se puede y no pasa nada. Pero a los tres meses comprendí que sí pasaba. El público de La Primera no entró en el juego, así que tuve que volverme convencional, perdiendo parte de mi personalidad televisiva.
--¿Usted ha cambiado? Soy el mismo, pero he tenido que adaptarme al Telediario , y creí que podía adaptar el Telediario a mí. Fue una gran ingenuidad. Tal vez se pueda, pero con mucho más tiempo.
--Si por usted fuera, ¿cómo presentaría el Telediario? Estaría de pie, delante de una pantalla, tratando de generar complicidad con el espectador; me movería más, saldría de detrás de la mesa y de la corbata.
--¿Cómo vive la caída de audiencia que ha sufrido su informativo? Con rabia y pena. En parte sé que es culpa mía. Pero esto tiene algo estimulante, que es la recuperación. Luchar con Matías Prats, a quien adoro y con quien tengo una relación muy estrecha, es muy divertido. Sería más divertido ganarle, pero tiene algo de gasolina eso de decir: "Venga, a ver cómo le superamos mañana".
--¿Qué otros factores han influido en esa bajada de audiencia? Aparte de mí, está el trasvase de audiencia que se produjo tras las elecciones. Mucha gente conservadora se pasó a otra cadena porque consideró que aquí había llegado el PSOE. No sé si hoy seguirán pensándolo, pero de entrada lo creían. Otro factor es que nosotros no podemos dejar de dar cultura y temas densos, pero las privadas dan contenidos más entretenidos, sobrecargados de sucesos. Cuanto más avancen las privadas en ese modelo, más necesario va a ser que la tele pública mantenga la solidez de la información.
--¿Qué cambiaría en esta casa? Me gustaría que lleváramos menos publicidad, para que eso fuera un atractivo para la audiencia. Somos la televisión pública europea con más anuncios. Me da pena. Nuestros contenidos deben depender del servicio, no de las audiencias. La audiencia es importante, pero no lo más importante
>>>> Diario de Córdoba

Un día como otros, MIRABA la pantalla de mi televisor y VEÍA las imágenes que en ella aparecían. ESCUCHÉ a las personas que hablaban y OÍ decir a un corresponsal, después de que estuvo unos segundos presionando con el dedo el auricular en el oído: ¡No ESCUCHO nada! Seguro que este señor se confundió de término, pues hacía auténticos esfuerzos para oír, es decir, escuchaba denodadamente.
He escrito estas dos parejas de verbos por la similitud de relación entre ellos. Esto es, que MIRAR es a VER como escuchar es a OÍR. O también: Miramos para ver como escuchamos para oír. Lo que importa, pues, es ver y oír. Mirar y escuchar no son más que intenciones, mientras que ver y oír expresan el resultado de percibir.
La primera pareja de estos verbos la usamos todos correctamente. El problema está en la segunda.
Se oyen en los medios frases como estas: “Se escucha decir…; “La explosión se escuchó en toda la ciudad”; “Casi todas las cosas que se escuchan…”; “…no quiero escuchar una palabra más…”; “…lo que acabamos de escuchar…”: “… se escucha el fuego israelí…”, tomando el verbo escuchar en el sentido de oír. No se escucha lo no previsto o lo no deseado.
Oír es percibir los sonidos en tanto que escuchar es prestar atención para oír. (Existen muchas más ocasiones para utilizar oír que escuchar, pues estamos constantemente percibiendo-oyendo- sonidos). No es incorrecto oír conversaciones ajenas (Acción involuntaria), pues los sonidos, entre ellos las palabras, impregnan el aire y el oído los capta, es decir, se oyen; pero si Vd. es sorprendido escuchándolas (Acción voluntaria, intencionada), va a ser tildado de cotilla.
No es lo mismo escuchar que oír. Siendo yo pequeño, mis maestros y profesores me enseñaron que entre los cinco sentidos del cuerpo humano está el oído que utilizamos para oír (no para escuchar).
¿Alguien no me cree? Pues lea a los siguientes prestigiosos escritores, de quienes apunto algunos ejemplos.
F. Garcia Lorca: “…los paisajes que he escuchado… sonidos dulces lo que se oye… se oye el manso ruido… “ .
Miguel Delibes: “Acababa de oír una voz humana. Escuchó. La voz le llegó de nuevo…”, en El camino.
Camilo J. Cela: “… se oía decir…”. “… escucha… de una manera rara… que parece más para no dormirse que para atender”, en La colmena.
Antonio Machado: “Siendo niño oí contar…” , en Poesías completas.
Juan R. Jiménez: “… creo que no nos oye ni nos ve” en Platero. “Mensajes de deleite y ternura escucho….”. “…oí… de madrugada…, un raudal…”, en Sonetos.
Y además un buen ejemplo del periodista José Aguilar: “… si se escuchara al profesorado, se oiría un prolongado clamor… “, en Grupo Joly.
¡Claro que hay más! Y si a ellos tampoco los cree, le queda el recurso de abrir la página de la RAE, Diccionario/Diccionario panhispánico de dudas. Y si éste tampoco le resulta fiable, puede acudir a la página cvc.cervantes.es /al habla_museos_horrores, del Instituto Cervantes.
La evolución en el lenguaje es deseable cuando conduce a dar mayor precisión, claridad y posibilidad de expresión. Pero la tendencia que comento va en dirección contraria, confunde los dos verbos y los deja sin posibilidad de matizar. Por otra parte, hay numerosas personas que sólo usan, el verbo escuchar, por lo que oír corre el riesgo de desaparecer.
En un intento por evitar esta pérdida, recurro a Vdes., como los profesionales más cualificados que son, para conseguirlo, y ello por las razones siguientes:
• La palabra escrita, leída en un periódico, una revista, un libro, etc., u oída en la radio, la TV, el cine, la cátedra, la escuela, etc., constituye un paradigma indiscutible.
• Ustedes, personas de formación superior, que escriben, hablan, opinan, informan, presentan, entrevistan, debaten, enseñan, traducen, doblan películas, etc., son, para el pueblo llano, el ejemplo a imitar.
Seguro de que el buen uso y riqueza de la lengua es preocupación de todos, especialmente de quienes la utilizan en público, me he atrevido a lanzarles un desesperado ¡SOCORRO! por oír. Si ustedes no se ponen a esta tarea, podremos empezar en breve a entonar un REQUIEM por el ya casi difunto referido verbo.
Espero que esta petición no caiga en saco roto y que merezca la atención de ustedes. Muchas gracias.
Atentamente