¿Te imaginas trabajar en una revista y pasar de dar una información seria política y social a dedicarse a destapar escándalos? Cuatro estrena “7 días al desnudo”, una comedia de situación que narra las aventuras y desventuras de un grupo de periodistas cuya revista –hasta entonces seria y rigurosa-, se ve obligada, por culpa de la crisis económica que atraviesa, a cambiar de orientación informativa y convertirse en una publicación sensacionalista y amarilla.

Producida por Videomedia (“Hospital Central”) y dirigida por Jesús Font y Ricardo Álvarez Solla, “7 días al desnudo” está protagonizada por Javier Veiga, María Botto, Patricia Conde, Laura Pamplona, Iñaki Miramón, David Bagés, Aída de la Cruz, Juan Fernández y Rosa Boladeras.

La revista 7 días es un semanario serio de actualidad política y social inmerso en una larga crisis. Para salir de ella, el dueño decide cambiar la revista y teñirla de un inequívoco tono amarillo. Además, hace un fichaje estrella y con el nuevo patrón llegan los cambios.

En lugar de analizar, como hasta ahora, la realidad política y social, se destaparán escándalos, se dará mucho más peso a las noticias del corazón, se firmarán exclusivas, se incluirán en portada semidesnudos femeninos y asistiremos a la invención, a la manipulación, al todo vale para aumentar las ventas.

En la redacción de una revista, como en cualquier oficina, se reúnen ejemplares humanos que la mayor parte de las veces sólo tienen en común el contrato de trabajo. Algo así –sólo que llevado al extremo- ocurre en la redacción de 7 días al desnudo: el director, un sujeto con la sutileza de Atila, lo revuelve todo nada más llegar. Da igual de qué se trate, él opina justo lo contrario que la redactora jefe.

El ambiente se enrarece con sus continuas discrepancias y la plantilla se divide entre partidarios del uno y de la otra. La redacción atraviesa un período crítico. Pero es que, además de trabajar juntos, el director y la redactora jefe son marido y mujer. Más que eso: son un matrimonio feliz. Claro que hasta ahora cada uno trabajaba en una revista diferente y tenían por norma no hablar del trabajo en casa.

Y para garantizar que la revista responda a lo que su propietario espera de ella, se ficha a un conocido periodista de infalibles aunque éticamente cuestionables resultados comerciales, que se incorpora a la publicación como nuevo director, Miguel Cimadevilla. En esta tesitura, los miembros del equipo de 7 días con su redactora jefe a la cabeza, Marta Castillo, tendrán que decidir: o bien marcharse y buscarse la vida, o quedarse y seguir la nueva línea editorial.

Y en esto, como en todo, división de opiniones. Algunos aceptarán, cada uno por diferentes razones y sin perder su derecho al pataleo, los hechos con resignación. Otros se sentirán liberados al dejar de trabajar en algo tan rancio (y aburrido) como era antes 7 días y vivirán expectantes los cambios. Para algunos el cambio de tono de la revista supone casi una ofensa.